Nuestros Grandes Maestros



Los maestros han jugado un importante papel en la historia de Venezuela, desde Andrés Bello y Simón Rodríguez en la lucha por la Independencia, hasta docentes como Luís Beltrán Prieto Figueroa en el proceso de formación de la democracia, periodo durante el cual se reconoció la labor de los educadores declarando un día de fiesta nacional para homenajearlos.

 El Presidente Isaías Medina Angarita decretó en 1945 la celebración del Día del Maestro el 15 de enero de cada año, como un homenaje permanente a los educadores venezolanos.

Esta celebración se trasladó en 1952 al 29 de noviembre, natalicia de Andrés Bello, por su condición de maestro del Libertador.

A partir de 1959 se vuelve a la fecha fijada por Medina, la del 15 de enero. La idea inicial había surgido en el seno de la Primera Convención del Magisterio, celebrada en Caracas entre el 25 de agosto y el 5 de septiembre de 1936. Esta Asamblea soberana creó la Federación Venezolana de Maestros, cuyo primer Presidente fue Luís Beltrán Prieto Figueroa.
La educación es uno de los pilares más importantes de la sociedad, y el encargado de impartirla también.

El maestro es capaz de enseñar gran parte de los conocimientos a través del lenguaje hablado, generando un sistema de comunicación dentro del aula que permita tanto la adquisición como el análisis de los conocimientos.

Toda sociedad es reflejo de la interioridad y de la clase de relaciones que sus miembros han desarrollado en el tiempo. Gran parte de las relaciones sociales están vinculadas directa o indirectamente con el proceso educativo formal e informal y contribuye a mantener y a reproducir la organización y condiciones del sistema.

No importa el tiempo que podría utilizar un maestro, si es que servirá para la formación de un niño o un joven, si es que ayudará a brindarles las herramientas necesarias para adaptarse y vivir dentro de su sociedad, si es que contribuirá a que tengan un mejor nivel de vida, si es que servirá para lograr poner en cada una de sus caras una sonrisa, porque aunque no lo crean, esa es la mejor recompensa.   

Desde Pativilca, el 19 de enero de 1824, Bolívar escribe a su antiguo maestro don Simón Rodríguez una de las cartas más hermosas no sólo por los sentimientos que se removieron en su conciencia al saber que su antiguo maestro estaba en Colombia, sino por los conceptos que le merecieron a Simón Bolívar la profesión de maestro.

Hoy día del maestro, gremio al que felicitamos con gran aprecio, reproducimos un fragmento de esa carta:

«¡Oh, mi maestro! ¡Oh, mi amigo! ¡Oh, mi Robinson, Ud. en Colombia! ¡Usted en Bogotá y nada me ha dicho, nada me ha escrito, sin duda Ud. es el hombre más extraordinario del mundo... Ud., maestro mío, cuánto debe haberme contemplado de cerca aunque colocado a tan remota distancia. Con qué avidez habrá seguido Ud. mis pasos; estos pasos dirigidos muy anticipadamente por Ud. mismo. Ud. formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Ud. me señaló. Ud. fue mi piloto aunque sentado sobre una de las playas de Europa. No puede usted figurarse cuán hondamente se han grabado en mi corazón las lecciones que usted me ha dado; no he podido jamás borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que usted me ha regalado ... Amigo, si tan irresistibles atractivos no impulsan a usted aun vuelo rápido hacia mí, ocurriré a un apetito más fuerte: la amistad invoco...En fin, usted ha visto mi conducta; usted ha visto mis pensamientos escritos, mi alma pintada en el papel, y no habrá dejado de decirse: "¡Todo esto es mío! Yo sembré esta planta; yo la enderecé cuando tierna: ahora, robusta, fuerte y fructífera, he ahí sus frutos; ellos son míos: yo voy a saborearlos en el jardín que planté: voy a gozar a la sombra de sus brazos amigos; porque mi derecho es imprescriptible, privado a todo"...Sí, mi amigo querido, usted está con nosotros: mil veces dichoso el día en que usted pisó las playas de Colombia. Un sabio, un justo más, corona la frente de la erguida cabeza de Colombia."

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