17 de diciembre de 2010, 180 años de la muerte del LIBERTADOR

Los últimos años de Bolívar no fueron fáciles, pues conforme decrecía la actividad bélica, aumentaban las dificultades políticas: desconfianzas y rencores minan los intentos de imponer constituciones centralizadas a los distintos países y la idea de una unión americana se iba esfumando.

“Bastó con que muriera para que todos los odios se convirtieran en veneración, todas las calumnias en plegarias, todos sus hechos en leyenda. Muerto, ya no era un hombre sino un símbolo. La América Latina se apresuró a convertir en mármol aquella carne demasiado ardiente, y desde entonces no hubo plaza que no estuviera centrada por su imagen, civil y pensativa, o por su efigie ecuestre, alta sobre Los Andes…. Así comienza “En busca de Bolívar”, un reciente y magistral ensayo del colombiano William Ospina, quien al final de la obra, conjetura sobre lo que pensaría El Libertador sobre el actual momento: “Podemos dejarlo ahora en una calle cualquiera de nuestro convulsionado presente, dejarlo preguntándose si valió la pena el esfuerzo. Pero no, él no se preguntaría eso. Leería los periódicos, miraría esas pantallas que no se callan nunca, trataría de ver en qué estamos.


El 08 de mayo de 1830 Simón Bolívar partió de Bogotá acompañado de un grupo de amigos y políticos con solo 17 mil pesos producto de la venta de su vajilla de plata, sus alhajas y sus caballos. En junio llega a Cartagena, donde los lugareños le animan a seguir luchando, mientras que en Bogotá continúa la campaña en su contra. El 1ero. de julio el general Mariano Montilla le informa al Libertador del asesinato del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, noticia que desilusiona a Bolívar. Sumado a esto, a finales del mes vio publicada en la prensa la resolución del Congreso Venezolano de romper relaciones con Colombia, mientras él siguiera en suelo colombiano. El agravio devoró la salud de Bolívar, pero sus seguidores lo convencen de quedarse en Colombia. Bolívar llegó a Santa Marta en estado de postración el 1ero. de diciembre de 1830, tras una penosa travesía por el río Magdalena desde Bogotá y a pesar del buen clima y las atenciones recibidas, su salud empeoró, teniendo algunos momentos de lucidez que le permitieron dictar su testamento y su última proclama. Finalmente, el Libertador fallece el 17 de diciembre de 1830, a los 47 años de edad. Sus despojos mortales recibieron cristiana sepultura en el altar mayor de la Catedral Basílica de Santa Marta y en ese sagrado recinto moraron hasta diciembre de 1842, cuando fueron trasladados a Venezuela, cumpliéndose así el mandato de su testamento. Poco después de su fallecimiento, la Gran Colombia, que estaba en degeneración debido a las disputas políticas internas que fragmentaron el orden constitucional, fue reconocida legalmente como disuelta en 1831 con el establecimiento de las tres repúblicas de Nueva Granada, Venezuela y Ecuador. Los restos mortales del Libertador fueron inhumados en la cripta de la Santísima Trinidad de la Catedral de Caracas. Allí permanecieron en medio de plural satisfacción, hasta el definitivo traslado al Panteón Nacional, el 28 de octubre de 1876, durante el gobierno de Antonio Guzmán Blanco. El 16 de julio de 2010, los restos de Bolívar fueron exhumados, por orden del gobierno de Hugo Chávez, para su análisis y tratar de comprobar si en realidad murió por causas naturales o fue asesinado. También se ordenó realizar pruebas de ADN. A partir del día 24 de julio de 2010, una nueva bandera de la República Bolivariana de Venezuela cubre los restos mortales de Simón Bolívar, en reemplazo de la bandera, elaborada en Inglaterra, con la cual fueron cubiertos éstos en 1972.

El médico de Simón 
Alejandro Próspero Reverend fue cirujano mayor del Ejército Republicano y médico de cabecera de Simón Bolívar. Ha pasado a la posteridad como el médico que atendió al Libertador en su lecho de muerte. De acuerdo con los testimonios de la época, los 17 días previos a la muerte del Libertador, fueron de entrega total por parte del médico francés, no aceptando remuneraciones de ningún tipo. Luego de la muerte del fallecimiento patrio, Reverend pasó en Colombia el resto de su vida. En 1842, participó en la identificación de los restos del Libertador, cuando fueron trasladados a Caracas. Por decreto del Congreso de Venezuela firmado por el entonces presidente Juan Crisóstomo Falcón, le fue otorgado en 1867, una medalla de oro y diamantes, un donativo de 10 mil pesos y el disfrute de por vida, del sueldo íntegro de cirujano mayor del Ejército Libertador. En 1874, el presidente Antonio Guzmán Blanco, lo invitó a Caracas y junto con otro reconocimiento pecuniario, le expidió el Diploma de Ilustre Prócer de la Independencia y lo condecoró con el Busto del Libertador. En retribución, Reverend obsequió a Venezuela el nódulo calcáreo encontrado por él en el pulmón izquierdo, durante la autopsia del Libertador.


¿Tuberculosis o asesinato? 
La versión oficial e histórica sobre la muerte de Simón Bolívar, señala que falleció de tuberculosis, sin embargo, el presidente Chávez mantiene sus dudas sobre las causas de muerte del Libertador, asegurando que es imposible que un hombre tan valeroso haya muerto por “una gripesita”. Por su fallecimiento, Chávez ha culpado a Estados Unidos y sus aliados en Suramérica, particularmente la que llama oligarquía venezolana y colombiana. El mandatario sostiene que en esa época la tuberculosis no era tan mortífera como para poner fin a una vida en pocas semanas. Lo cierto es que, aunque el presidente Chávez insiste en suponer que Bolívar fue asesinado por conspiradores imperialistas, los especialistas sostienen que el Libertador murió por una tuberculosis que lo aquejaba desde muchos años atrás. El médico de cabecera de Bolívar, Alejandro Próspero Reverend, así lo diagnosticó. El azaroso historial clínico del Libertador ha quedado registrado en numerosos documentos, empezando por la autopsia practicada por Próspero Reverend. El médico francés describe un endurecimiento de los pulmones, con un manantial abierto de color de las heces del vino, jaspeado de algunos tubérculos. En el izquierdo, halla una concreción calcárea angulosa del tamaño de una avellana. Según estudios actuales, ese nódulo calcificado, conservado en el Museo Bolivariano de Caracas, indicaría que Bolívar contrajo en su infancia la tuberculosis que mató a sus padres, que se reactivó después en varios episodios documentados. Dos años antes de la muerte, su decadencia física es evidente. La causa de la muerte de Bolívar es una tuberculosis pulmonar (tisis) con compromiso del sistema nervioso central, así lo indican los neurólogos colombianos Ignacio Vergara y Gabriel Toro, autores de un estudio de la historia médica de Bolívar. A la misma conclusión llegó, en 1963, una comisión de expertos de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina y de la Academia de Historia.


Otro de los controversiales temas discutidos por siempre sobre Bolívar, ha sido el del lugar de su nacimiento. La historia tradicional nos dice que Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios Ponte y Blanco, nació en Caracas, en una casa cercana a la Plaza de San Jacinto el 24 de julio de 1783; pero no han faltado quienes ubican su origen en la población de San Mateo, estado Aragua, y otros que lo refieren a Capaya, estado Miranda.


Capaya es un pintoresco pueblito del municipio Acevedo, donde una tradición oral que data de más de 200 años, sostiene que Simón Bolívar nació allí, y por ello los capayenses celebran cada año por todo lo alto el 24 de julio en la plaza que lleva el nombre del héroe, y abundan allí las tortas, comidas, juegos y una feria artesanal.


Dice esa historia local que según el libro de bautizos de la iglesia de Nuestra Señora de la Iniestra de Capaya, la más antigua de la región de Barlovento, para el año de 1783 -concretamente el 22 de julio- se encontraba en Capaya doña María Concepción Palacios, cuyo nombre quedó asentado como testigo de un bautizo. Considera esta historia que dado el avanzado embarazo, era imposible -por las condiciones de entonces- un traslado hasta Caracas, por lo que el niño nació -aseguran- en la Hacienda Palacios de esa localidad.


Definitivamente Bolívar sigue haciendo historia, y aunque las dudas persistan, la grandeza de su capacidad política y visionaria sobre el proyecto libertario de todo un continente se extiende hasta lo imponderable. Por ello hay que decir hoy 17 de diciembre con el cantor del pueblo Alí Primera: “Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos, y a partir de este momento es prohibido llorarlos”. 

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