Bicentenario de América Latina.

“En este año y en especial estos últimos días, algunos países pertenecientes al grupo bicentenario (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Paraguay, México, Venezuela y España), estamos celebrando nuestros 200 años de ser naciones independientes, de manera que BANDERA DE VENEZUELA ANTE EL MUNDO en homenaje a nuestra historia ha realizado un material y recreemos ese sentimiento patrio!!!”.


Con geografías y sociedades contrastantes, con panteones diferentes, con procesos de reinterpretación propios de cada Centenario y de cada Bicentenario, lo cierto es que 2010 no pasará inadvertido para mexicanos, colombianos, venezolanos, ecuatorianos, argentinos y chilenos. El tiempo no para, las obligaciones tampoco. Sin embargo, un alto en el camino se impone, fundamentalmente, para no ser llevados de las narices por consignas mediáticas y para poder poner en práctica la reflexión. Dentro de esta cartografía que hace 200 años comenzó a delinearse y que forma parte de lo que se conoce con el discutido nombre de América Latina, reflexionemos. Reflexionemos, no sólo este año, sino en los venideros también, sobre dos conceptos que –más allá de los matices locales– resuenan fuerte como parte de la Historia desde Tijuana hasta Ushuaia: libertad y soberanía popular.

El nacimiento de las naciones americanas tuvo un momento cumbre en 1810; los procesos que dieron pie al surgimiento de estas primeras naciones independientes en la América Hispánica vienen acompañados de una promesa: la de la expresión.
En 1810 se inician en varios países de América movimientos emancipadores que motivan, además, la búsqueda de una identidad, primero nacional y luego regional tras largos años de dominación. Cronológicamente, las agitaciones contra la Corona Española comienzan en Caracas en el mes de abril, luego Buenos Aires en mayo, en Santa Fe de Bogotá y La Paz, Bolivia, en julio, Quito en agosto, en Santiago de Chile y en Dolores Guanajuato, México, para el mes de septiembre.
Los antecedentes comunes son las ideas liberales que llegan de Europa y la ocupación napoleónica a España. En particular, en cada nación se estaba forjando una sociedad encabezada por criollos, descendientes de españoles nacidos en América, que empiezan a demandar un papel más relevante en los asuntos de la administración de las colonias españolas.

En busca de la expresión

Aunque la promulgación de la Constitución de Cádiz en 1812 dio un fuerte impulso a las gestas de independencia en América Latina, todavía tardarían algunos años en consumarse. Hecho esto, empieza en las nuevas naciones una búsqueda por su expresión original que ahora festejamos.
La independencia política adquiere así connotaciones culturales y artísticas. La expresión es una forma de fijar una identidad propia entre la vasta herencia española en América. La riqueza de esa herencia se muestra y se expresa ahora con rasgos distintos. En su ensayo “El descontento y la promesa”, el crítico dominicano Pedro Henríquez Ureña escribe: “(...) padecemos aquí en América urgencia romántica de expresión. Nos sobrecogen temores súbitos: queremos decir nuestra palabra antes de que nos sepulte no sabemos qué inminente diluvio”.
La preocupación por la expresión es genuina y se mantiene todavía. La celebración por el bicentenario de la independencia en América Latina viene ahora acompañada de nuevas dudas: “(...) olvidan que en cada generación se renuevan, desde hace cien años, el descontento y la promesa”, afirma Henríquez Ureña.

¿Es tiempo de festejar?

Con problemas en común, asuntos sin resolver o las promesas incumplidas, las naciones latinoamericanas se aprestan a celebrar sus primeros doscientos años de independencia. Los programas conmemorativos, comisiones especiales, convocatorias a premios nacionales e invitaciones a todo tipo de eventos enmarcan los festejos. Pero los organizadores parecen estar olvidando algo: en 2010 no se celebrará el pasado, se estará festejando el presente y el futuro de las naciones americanas.

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